¿Quien quiere ser Millonario? REVISTA SEMANA

Mucha gente en Villavicencio y Colombia está eufórica con la ilusión de enriquecerse rápido y sin trabajar. El detonante de esta fiebre de dinero fácil son varias empresas que parecieran tener la fórmula para multiplicar la plata. Con este argumento han logrado que se les confíen miles de millones de pesos en más de 30 ciudades del país. Entre tanto las autoridades están desconcertadas, tienen dudas sobre la legalidad de las actividades de estas entidades y empiezan a vislumbrar un problema de enormes proporciones.
La operación es sencilla. Las personas llevan el dinero en efectivo a cualquiera de éstas firmas -el monto puede ser desde 50.000 pesos hasta 100 millones, allí lo entregan y aceptan el rendimiento ofrecido y la fecha de pago.
Hay miles de ganadores. Por ejemplo un taxista de Fusagasugá superó la desconfianza, reunió 15 millones de pesos, viajó a Bogotá, entregó la plata a una de estas empresas y a los seis meses ya tenía 30. Los retiró por unos días, pero la ambición de volver a duplicar su capital lo llevó a reinvertirlo y en dos meses espera retirar 60 millones de pesos. Pero también hay miles de perdedores. En Pitalito, Huila, una de estas empresas dejó de pagar de un momento a otro y la gente se quedó sin nada, y sin a quién reclamarle. En Villavicencio ya ha habido problemas de orden público por los incumplimientos y el caso de Buenfuturo.com.

Una vez se cumple el plazo los clientes pueden retirarse con toda su plata y las ganancias obtenidas o reinvertir cualquier suma las veces que quieran. Esto último es lo que generalmente hacen quienes, al cabo del tiempo pactado, regresan y ven en gruesos fajos de billetes que su capital creció mágicamente. Todo gracias a los rendimientos que van desde el 60 por ciento en seis meses hasta el 1.600 por ciento en sólo mes y medio, mientras que un depósito fijo en el sector financiero no supera el 8 por ciento de interés anual. Sin duda un negocio atractivo.

En Villavicencio, una de estas inversionistas cuenta que hipotecó su casa para poner a ganar los 10 millones de pesos que le dieron, con la esperanza de que en tres meses recibirá el doble “con eso garantizo el estudio a mis tres hijas”, dice sin calcular que en caso de ser embaucada además de la posibilidad de estudio para sus hijas perderá también la vivienda, su única propiedad. Es el caso de una humilde anciana de Puerto Asís, Putumayo, que empeñó unos aretes de oro que conservaba desde su juventud. Así reunió 60.000 pesos para ponerlos a ganar, sin embargo, la empresa en la que confió no le cumplió, el local donde funcionó ahora está desocupado y la casa de empeño ya puso en venta sus joyas.

La avalancha de gente hacia estos negocios trae además un particular impacto social. Putumayo es el caso más alarmante, allí varios campesinos dejaron de arar la tierra y esperan vivir de los beneficios prometidos. “Se acabó la coca, pero gracias a Dios llegó DMG”, dice un habitante de La Hormiga.

En agosto pasado cuando la Policía encontró en Putumayo 6.509 millones de pesos en cajas remitidas por DMG a uno de sus asociados. Se presentan como empresas de beneficio social. Y al menos en las más importantes los cerebros detrás de ellas son personas que súbitamente se convierten en exitosos empresarios a pesar de su bajo nivel académico. David Murcia Guzmán, presidente internacional de DMG es bachiller con formación empírica en producción de televisión y Flor Marina Romero de Fuvegan – People Winner, hasta hace un par de años era costurera.

Pero la característica que más inquieta es la falta de claridad con que los promotores de estas empresas explican a la gente el origen del dinero que entregan. En unas dicen que viene de ONG europeas, otros sostienen que son constructores a punto de iniciar importantes proyectos -aunque no tienen los lotes-, que son comercializadoras de productos, o simplemente les piden a sus clientes que confíen en la buena fe de la empresa y que no pregunten mucho…

De eso tan bueno…

Es frecuente encontrar en las filas de pago a militares y policías uniformados. “Esto debe ser legal desde que uno los ve en las filas”, comenta una señora en Zipaquirá, que lleva un millón de pesos con la esperanza de que en tres meses le devuelvan su dinero con millón y medio de pesos más.

La mayoría de empresas están inscritas con actividades comerciales en cuyo caso a las Cámaras de Comercio o la Superintendencia de Sociedades, les corresponde vigilarlas. La Policía dice que puede actuar sólo cuando se presente alteración del orden y la Fiscalía que cuando haya denuncias. En Villavicencio el interés del Alcalde hasta ahora lo único que ha logrado es que en una empresa tengan las filas organizadas y que una de ellas sea sólo para los ancianos.

Para el grueso de la gente que deja allí su dinero es algo que ven como una inversión. Llevan plata y recogen unos beneficios.

Hasta ahora sólo se conoce de una medida de la Superintendencia Financiera contra la sociedad Grupo DMG S.A. El ente de control consideró que la empresa ejerce irregularmente la actividad financiera a través del sistema de tarjetas prepago, que es el mecanismo por el cual la gente se vincula a ella. Por esta razón la obligó a devolver los más de 18.000 millones de pesos que había recibido por este concepto en el año 2006, algo que el representante de esta empresa sostiene haber hecho.

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